Bienvenido a este nuevo espacio. Si ya mantuviste contacto conmigo en la etapa anterior, descubrirás que ésta que ahora inicio es el resultado de aquellos primeros pasos guiados por el simbólico faro de Neuquén. El impulso motriz a lo largo de estos años ha sido la búsqueda; el sentimiento de ser un navegante en busca de puerto a quien orienta la intuición de algo más grande que uno mismo, de un territorio inexplorado que se extiende más allá de los límites propios. Hoy, cuando aquel viejo empeño aun sigue tirando de mí, siento ya cercana la orilla buscada; ese lugar del alma donde el buscador y lo buscado confluyen y, de su encuentro, no se deriva el final, sino un nuevo nacimiento.
Asisto pues a este instante de la vida con el asombro de un niño que hubiera nacido de aquel adulto; con el sentimiento de estar naciendo a algo nuevo, y con la alegría y la esperanza de hacerlo real y compartirlo.
Compañero, si alguna vez navegamos juntos en el pasado, quiero agradecerte tu presencia y tu aliento -esenciales en la travesía-, y decirte que te sientas acogido en este nuevo espacio que también es tuyo. Juntos hemos llegado, para volver a empezar. Y, si eres nuevo, gracias por manifestarte, gracias por darte a conocer: quizá tú no llegas ahora, quizá tú ya estabas aquí, esperándonos.